Guía — Precios
Cómo poner los precios de tu negocio (y qué te obliga la ley)
Enseñar el precio no es una decisión de estilo: en España es una obligación, y mucha gente no lo sabe. Después, cómo escribirlos para que no espanten a nadie.
El deber general: que se sepa antes de contratar
El artículo 60 del texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios obliga a informar, antes de que el cliente contrate, del precio total, con todos los impuestos y tasas incluidos. Y esto es lo que casi nadie tiene claro: se aplica tanto a productos como a servicios. No hace falta vender algo físico para estar obligado a decir cuánto cuesta.
En la práctica: si tienes una peluquería, una clínica de fisio o un centro de estética, el precio de tus servicios tiene que poder conocerse sin que el cliente tenga que preguntar, y ese precio tiene que ser el final, el que de verdad se paga.
Dos capas más, según lo que hagas
Encima del deber general hay normas más concretas, y aquí es donde se confunde la gente.
Si vendes productos sueltos
El champú de la estantería, la bebida de la nevera, el aceite que factura el taller aparte. El Real Decreto 3423/2000 obliga a poner el precio final, con IVA incluido, de forma legible y visible sin tener que preguntar. No regula el precio de tu servicio en sí, solo el de lo que vendes como producto.
Si tienes un taller
Hay una norma solo para vosotros, el Real Decreto 1457/1986: el cliente tiene derecho a un presupuesto por escrito antes de que toquéis el coche, válido un mínimo de doce días hábiles, y a una factura desglosada con piezas y mano de obra por separado. No es una recomendación, es la norma estatal del sector.
Encima de todo esto, algunas comunidades autónomas añaden lo suyo: en Madrid, por ejemplo, la exhibición de precios con IVA incluido y la disponibilidad de hojas de reclamaciones en peluquerías y talleres son objeto de campañas de inspección. No hay una lista única para toda España que se pueda dar aquí sin arriesgarse a que quede desactualizada — de hecho, un decreto autonómico de talleres que estuvo vigente en Madrid ya está derogado y hoy rige solo la norma estatal. Lo más seguro es comprobar qué añade tu comunidad y tu ayuntamiento.
Todo esto es un resumen para orientarte, no asesoramiento legal, y no se dan importes de sanción porque no hay una cifra única que aplique a todos los casos. Para el tuyo, pregunta a tu gestoría.
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Precio cerrado o «desde»
El precio cerrado es el que menos fricción genera: un número, sin condiciones. Úsalo siempre que puedas, que en la mayoría de servicios se puede.
El «desde» tiene un uso honesto: cuando el precio varía por algo objetivo —el largo del pelo, la superficie a depilar, los kilómetros del taller a domicilio— y la cifra de partida es real, una que de verdad le cobras a alguien. Se convierte en trampa cuando ese «desde» es un cebo: casi nadie paga esa cifra, y el precio de verdad aparece cuando el cliente ya está sentado en la silla o el coche ya está en el elevador, que es el peor momento posible para subirlo. Si vas a usar un rango, mejor ponerlo entero —«25-40 € según densidad»— que dejar solo el número más bajo suelto.
Qué escribir al lado de cada precio
El precio solo no dice nada: «Manicura: 15 €» deja abierta la pregunta de si incluye esmaltado permanente o solo limado. Una línea corta al lado —qué incluye, cuánto dura— cierra la duda antes de que se convierta en un mensaje. Por qué esconder el precio para «generar conversación» sale caro ya está explicado con detalle en otra guía; aquí se da por sabido.
| Sector | Cómo se suele escribir | Cómo se lee mejor |
|---|---|---|
| Peluquería | Corte: consultar | Corte + lavado: 18 € |
| Estética | Depilación: desde 5 € | Piernas completas: 25 € (cera + crema poscera) |
| Fisioterapia | Sesión: según necesidad | Sesión 45 min: 35 €. 1.ª visita, 60 min: 40 € |
| Taller | Presupuesto sin compromiso | Cambio de aceite + filtro: 65 €, mano de obra incluida |
| Bar | Menú: según carta | Menú lunes-viernes: 13,50 € (pan, bebida y café) |
Y un detalle de maquetación que cambia la lectura entera: ordenar los servicios de mayor a menor precio, no al revés. Si lo primero que ve el cliente es el precio más alto, todo lo que viene después parece razonable en comparación. Si empieza por el más barato, cada línea siguiente se lee como una subida.
Packs, bonos y subir precios sin esconderlos
Un bono de varias sesiones tiene que enseñar dos números, no uno: el precio total y el precio por sesión suelta. Así el cliente ve el ahorro de verdad en vez de tener que calcularlo él. Y la caducidad del bono, si la tiene, tan visible como el precio: nadie quiere descubrirla el día que ya no vale.
Para subir precios, lo que funciona es publicar el número nuevo con su fecha, no editar en silencio una tarifa que tus clientes habituales ya se saben de memoria. Si tienes forma de avisar antes —un grupo de WhatsApp, una historia en redes—, avisa: en la guía de WhatsApp Business se explica cómo montar ese aviso sin que suene a bombardeo. La gente recuerda mucho más cómo se enteró de la subida que la subida en sí.
Dónde entra tu página
En CodiGo, la tarjeta de contacto —tu nombre, tu WhatsApp, tu dirección— no lleva precios: para eso está el módulo de Agenda, colgado de la tarjeta. Cada servicio se guarda con su nombre, su duración y, si quieres ponerlo, su precio: un número fijo, no un rango. Si quieres mostrar un «desde» o un intervalo, se escribe a mano en el nombre o la descripción del servicio, porque el campo de precio no admite un rango como tal.
El plan gratuito incluye un negocio con su tarjeta y un módulo —la agenda, en el caso de servicios—, con estadísticas básicas y QR descargable. La agenda va gratis los primeros tres meses y después pasa a modo consulta si no sigues con Pro, que son 8,99 € al mes, con siete días de prueba y sin permanencia.
Y ya que estamos, lo nuestro
Una cosa que no hacemos: CodiGo no comprueba que tus precios cumplan la ley, ni te avisa si te falta algo. Rellenas tú los datos y respondes tú de que sean correctos, igual que con los alérgenos en la carta de un restaurante. Lo que sí hacemos es que, una vez publicado, cambiar un precio sea editar un número, no reimprimir nada.
Dudas frecuentes
Preguntas frecuentes
¿Es obligatorio enseñar los precios en una peluquería o un centro de estética?
Sí, aunque no por la norma que la gente suele citar. El deber general está en el artículo 60 del TRLGDCU: antes de contratar, el negocio tiene que informar del precio total, con todos los impuestos y tasas incluidos, y esto aplica tanto a productos como a servicios. Además, varias comunidades autónomas inspeccionan específicamente que los precios de peluquerías estén expuestos y sean visibles. Esto es un resumen para orientarte, no asesoramiento legal: para tu caso y tu comunidad, consulta con tu gestoría.
¿El Real Decreto 3423/2000 obliga a poner precio a un corte de pelo?
No directamente. Ese decreto regula la indicación de precios de productos ofrecidos a consumidores, y su propio texto excluye los productos que se suministran con ocasión de un servicio. Un corte de pelo es un servicio, no un producto, así que lo que le obliga a llevar precio visible es el deber general de información del TRLGDCU, no este decreto. El decreto sí aplica al champú o al producto que vendas suelto en el mostrador.
¿Qué obligación específica tienen los talleres de coches?
El Real Decreto 1457/1986: derecho del cliente a un presupuesto por escrito antes de reparar, con una validez mínima de doce días hábiles, y a una factura desglosada que separe piezas y mano de obra. No hace falta reparar nada sin que el cliente haya dado su conformidad al presupuesto, o haya renunciado expresamente a pedirlo.
¿Hay una norma igual en toda España para peluquerías y talleres?
El deber general de información sí es estatal. Lo que cambia es que varias comunidades autónomas añaden inspecciones y requisitos propios sobre exhibición de precios y hojas de reclamaciones, y no hay una lista única válida para todo el país. Antes tenía sentido citar un decreto autonómico concreto para talleres en Madrid, pero está derogado y hoy rige la norma estatal. Lo más seguro es comprobar la normativa de tu comunidad y tu ayuntamiento, o preguntarlo directamente a tu gestoría.
¿Es mejor poner un precio cerrado o «desde X euros»?
El precio cerrado, siempre que puedas. Un «desde» es honesto cuando el servicio varía por una razón objetiva —el largo del pelo, la zona a depilar— y el precio de partida es real, uno que de verdad cobras a clientes de verdad. Es una trampa cuando ese «desde» casi nadie lo paga y solo está ahí para parecer barato en el escaparate; el precio de verdad llega cuando el cliente ya está sentado en la silla, que es el peor momento para decirlo.
¿Cómo subo los precios sin que parezca que los escondo?
Publicando el precio nuevo con fecha, no editando en silencio una tarifa que la gente ya conoce. Si tienes clientes habituales, avisa antes por WhatsApp o redes: se cuenta cómo montar esos avisos en la guía de WhatsApp Business. La gente recuerda mucho más cómo se enteró de una subida que la subida en sí.
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