Guía — Bares y restaurantes

Cómo crear un menú digital para tu restaurante

El menú del día, la carta y los alérgenos en el móvil de quien está sentado en tu mesa. Aquí va por qué el PDF de toda la vida no funciona, qué exige la ley española y cómo montarlo para poder cambiarlo cada mañana en un minuto.

Con lo que pide la ley de alérgenosCambiarlo a diario: 1 minSin reimprimir los QR

Actualizado el 18 de agosto de 2026 · Lectura: 7 min

El menú del día y la carta no son lo mismo

Parece una obviedad y es el error de montaje más común. El menú del día cambia cada mañana, es corto y se lee en diez segundos: cuatro primeros, cuatro segundos, postre y precio. La carta cambia dos veces al año, es larga y se explora con calma.

Cuando se meten en la misma pantalla, el cliente de mediodía tiene que bajar por cuarenta platos para encontrar el arroz de hoy. Y el que viene un sábado por la noche se topa primero con un menú que no puede pedir.

Si solo vas a montar una cosa, monta la que cambies más a menudo. Ahí es donde el papel te está costando tiempo todos los días.

Por qué el PDF no vale

Es lo primero que hace todo el mundo: coger la carta que ya tienes maquetada, exportarla a PDF, subirla a cualquier sitio y generar un QR que apunte ahí. Funciona en el sentido de que el archivo se abre. Pero mira lo que pasa después:

  1. 1

    Hay que hacer pinza para leerlo

    Un PDF está maquetado para un A4. En una pantalla de seis pulgadas sale entero y diminuto, y cada plato exige ampliar, arrastrar y volver a alejarse. En una mesa con hambre, eso dura tres segundos.

  2. 2

    En algunos móviles se descarga en vez de abrirse

    Y entonces el cliente acaba en el gestor de archivos de su teléfono buscando qué acaba de pasar. Ahí ya lo has perdido: levanta la mano y pregunta al camarero, que era justo lo que querías evitar.

  3. 3

    Cambiar un precio significa rehacerlo entero

    Abrir el documento original, editar, exportar, subir. Como da pereza, el PDF se queda con los precios del año pasado y el camarero corrige de viva voz mesa por mesa.

  4. 4

    Google no ve lo que hay dentro

    Si alguien busca «arroz a banda» en tu pueblo, una carta en PDF colgada de cualquier manera rara vez aparece. Una página normal, sí.

Lo que necesitas no es un documento: es una página. Se adapta a la pantalla, se lee de un vistazo y se corrige por partes.

Los alérgenos: esto no es opcional

Es la parte que casi ningún artículo sobre cartas digitales menciona, y es la única que puede costarte una sanción. El Reglamento (UE) 1169/2011 obliga a informar de catorce alérgenos, y en España el Real Decreto 126/2015 lo concreta para lo que se sirve sin envasar, que es prácticamente todo lo que sale de tu cocina.

Se aplica a bares, restaurantes, cafeterías, food trucks y comedores, sin excepción por tamaño ni por tipo de cocina. Y la información tiene que estar antes de que el cliente pida, no después.

Los catorce

1Cereales con gluten

2Crustáceos

3Huevos

4Pescado

5Cacahuetes

6Soja

7Lácteos

8Frutos de cáscara

9Apio

10Mostaza

11Sésamo

12Sulfitos

13Altramuces

14Moluscos

La ley no obliga a un soporte concreto. Vale la carta, una pizarra, un cartel o una carta digital, siempre que la información sea clara, esté accesible y se pueda verificar. Lo que no vale es que esté solo en la cabeza del cocinero.

Aquí la versión digital gana por una razón práctica: el día que cambias de proveedor de pan y ese pan lleva sésamo, lo corriges en el momento en vez de reimprimir cartas. Pero que quede claro: la herramienta no responde por ti. De que los datos sean correctos respondes tú.

Esto es un resumen para orientarte, no asesoramiento legal. Para tu caso concreto, pregunta a tu gestoría o a sanidad de tu comunidad.

Publicidad

Cómo montarlo, paso a paso

1

Decide qué necesitas: menú del día, carta, o los dos

El menú del día cambia a diario y es corto. La carta cambia dos veces al año y es larga. Si tienes los dos, no los mezcles en la misma pantalla: quien viene a comer entre semana quiere ver el del día y nada más.

Consejo: Empieza por el que cambies más a menudo. Es donde más tiempo vas a ahorrar.

2

Escribe los platos como se leen en un móvil

Nombre corto, precio a la derecha y, si hace falta, una línea de descripción. Sin mayúsculas en bloque, sin adornos y sin párrafos. La gente lee en diagonal y con una mano.

Consejo: Si un plato necesita tres líneas para explicarse, el problema no es la carta: es el nombre del plato.

3

Marca los alérgenos de cada plato

Es el paso que casi todo el mundo deja para después y el único que es obligatorio. Ve plato a plato con la lista de los catorce delante; es un rato una vez, y luego solo actualizas lo que cambia.

Consejo: Deja escrito también a quién preguntar en sala si un cliente quiere el detalle. La ley pide información accesible y verificable, no solo un icono.

4

Consigue una dirección que se lea

Tu carta necesita una dirección propia, del tipo tucodigo.app/tu-bar. Que se pueda leer en voz alta importa: la vas a poner en el QR, en Instagram y en Google, y una ristra de letras y números no la teclea nadie.

Consejo: Elige la dirección y no la cambies. Todo lo que imprimas depende de ella.

5

Imprime el QR y ponlo donde la gente espera

En la mesa, un código de cinco centímetros basta. En el escaparate, para que se lea desde la acera, hacen falta veinte. Papel mate: el plastificado brillante refleja el fluorescente y tapa media zona del código.

Consejo: Nada de plastificado brillante, aunque en la copistería te lo ofrezcan primero.

El QR de la mesa, en dos líneas

El tamaño va por distancia: el ancho del código debe ser como mínimo la décima parte de la distancia desde la que se lee. En la mesa, a medio metro, cinco centímetros. En el escaparate, a dos metros, veinte. Y nunca por debajo de dos, aunque quepa justo.

Papel mate, margen blanco alrededor y lejos del servilletero. Está todo, con la tabla de tamaños y los errores de impresión, en cómo poner un QR en tu negocio.

Y una cosa que conviene decidir antes de imprimir nada: si el código es estático o dinámico. El estático lleva la dirección escrita dentro y muere con ella; el dinámico apunta a una dirección fija que tú rediriges cuando quieras.

Cinco cosas que marcan la diferencia

Escribe hasta qué hora vale

«Menú disponible hasta las 16:00» ahorra media docena de conversaciones al día y evita que alguien se siente a las cinco esperando el del día.

Manda la dirección por WhatsApp cada mañana

La misma dirección sirve para el grupo de clientes habituales. Muchos bares la envían al abrir con una línea: «Hoy, arroz del senyoret».

Marca lo que se ha acabado en vez de borrarlo

Un plato tachado con un «agotado» informa; un plato que desaparece hace que el cliente pregunte igual porque lo vio ayer.

Mira a qué hora te escanean

Si casi todos los escaneos son a las 13:40, el QR de la mesa funciona. Si hay muchos por la tarde, el del escaparate está trabajando y merece un cartel más grande.

Ten una copia en papel

Por el cliente sin datos, por el móvil sin batería y por la abuela que no quiere. Una carta digital no tiene por qué ser la única carta.

Preguntas frecuentes

¿Es obligatorio informar de los alérgenos en la carta?

Sí. El Reglamento (UE) 1169/2011 obliga a informar de los catorce alérgenos de su Anexo II, y en España el Real Decreto 126/2015 lo concreta para los alimentos que se sirven sin envasar en bares y restaurantes. Se aplica a todos los establecimientos, sin excepción por tamaño ni por tipo de cocina, y la información tiene que estar disponible antes de que el cliente pida.

¿La carta digital sirve para cumplir con los alérgenos?

La ley no impone un soporte concreto: vale la carta, una pizarra, un cartel o una carta digital, siempre que la información sea clara, esté accesible antes de pedir y se pueda verificar. Lo que no vale es tenerla solo «en la cabeza del cocinero». Una carta digital ayuda porque la corriges en el momento en que cambias un proveedor, pero el que responde de que los datos sean correctos eres tú. Para tu caso concreto, consúltalo con tu gestoría o con sanidad de tu comunidad.

¿Por qué no vale colgar la carta en PDF?

Porque está maquetada para un folio. En el móvil sale diminuta y obliga a ampliar y arrastrar plato a plato, en algunos teléfonos se descarga en vez de abrirse, y cambiar un precio significa rehacer el documento entero. Casi todas las cartas con QR que la gente abandona a los tres segundos son PDF.

¿Mis clientes necesitan instalar alguna aplicación?

No. La cámara del iPhone y la de Android leen los códigos QR desde hace años sin ayuda de nada. Si en tu cartel pones «descarga una app para escanear», estás inventando un problema que ya no existe.

Si cambio la carta, ¿tengo que reimprimir los QR de las mesas?

No, si el código es dinámico: apunta a una dirección fija y tú cambias lo que hay al otro lado. Si es estático, la dirección va escrita dentro del dibujo y el día que cambies de página todos los códigos impresos dejan de servir. Es la diferencia más cara de descubrir tarde.

¿Cuánto cuesta tener la carta digital en CodiGo?

El plan gratuito incluye un negocio con su tarjeta de contacto y un módulo de hostelería —el menú del día o la carta completa—, actualizaciones ilimitadas, el código QR descargable en PNG y estadísticas básicas de escaneos. No pide tarjeta. El plan Pro cuesta 8,99 € al mes, con siete días gratis y sin permanencia, y añade negocios ilimitados, todos los módulos a la vez, ofertas, tu propio logo, analíticas detalladas y quita nuestra marca y la publicidad de la página que ven tus clientes.

Tu carta, en el móvil de la mesa

Menú del día o carta completa, con sus alérgenos, en una página con tu nombre y su QR listo para imprimir. Lo cambias desde el móvil y el cartel sigue valiendo. Gratis y sin tarjeta.

Empezar gratis →